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¡Cuánto puede cambiar la intensa experiencia de viajar sola con un bebé dependiendo de las personas que vayas encontrando en cada paso del camino! No me dió tiempo a contaros lo rematadamente mal que lo pasamos en el control de seguridad de SFO (Aeropuerto Internacional de San Francisco). Bueno, para ser precisos, yo lo pasé mal, V se lo pasó pipa 

Era la primera vez que viajamos sin cochecito porque no podía cargar con todo sola en el embarque y decidí probar a renunciar a él (sabiendo que tenía otro cochecito en casa de los abus esperando) para poder así llevar su maleta de jet-kids que convierte su asiento en cama durante el vuelo de 11h. Me pareció más importante estar cómodas durante 11h de vuelo que durante máximo 15 minutos de control de seguridad. ¡Gran error! 

Entrando al control de seguridad en SFO (sin cochecito y con maleta-cama)

Los controles americanos (de seguridad, de pasaportes…) no son conocidos precisamente por la amabilidad y empatía de sus guardias, sino todo lo contrario. Ya he tenido más experiencias desagradables en el pasado en NY, Miami, Honolulu… pero está fue la más agobiante al estar sola con la peque. V está en una edad muy divertida a la par que agotadora, pero lo peor (o lo mejor según la situación) es que es una niña sin miedo. En cuanto se vio “suelta” en lugar de quedarse a mi lado asustada por la nueva situación (lo que yo esperaba) echó a correr. Pasando por debajo de las cintas de las colas, saltándose el control de seguridad hacia atrás y riendo sin parar. Yo tuve que abandonar parte del equipaje, seguirla corriendo, mi mochila se enganchaba con las cintas…la cogí al vuelo. Tras haber pasado a varios guardias y un par de pasajeros que no movieron ni un dedo para ayudarme.

Después de este espectáculo le puse su mochila de Kidslab que tiene una especie de correita que puedo atar a mi mano. Al menos así no podía alejarse mucho. Pero a V le pareció divertido correr de nuevo tensando la correa varias veces hasta que consiguió caer hacia atrás y golpearse con la torre de bandejas de plástico. Aquí sí se apiado de mi una pasajera preguntándome si podía ayudarme. En ese momento los siguientes guardias me instaban a sacar más cosas de mis bolsas, volver a quitarme los zapatos y sacar cada uno de los objetos que tenía en la mochila (mi tan ordenada y petada mochila de viajar con bebé), mientras V corría, reía, luego lloraba…conseguí que se sentase en el suelo a mi lado (con la correita de la mochila como un perrito la pobre) mientras una chica me cacheaba por delante y por detrás. Tres guardias conmigo y ni uno solo hizo además de echar una mano, sólo complicaron las cosas. 
Me saltó alguna lágrima, no os voy a engañar, pero tocaba aguantar. Recogí todas mis cosas, las ordené como pude y caminamos hacia nuestra puerta de embarque hasta que V (a 200m de la misma) se cansó de andar y se tiró al suelo. Llegué a la D18 con sus casi 13k en brazos, la mochila a cuestas y tirando de la maletita mágica. Exhausta, sudando, con un botón en la garganta, y todavía más de 20h de viaje por delante.

Pero todo dio un vuelco gracias a los siguientes humanos (a los que les va mucho más este apelativo que a los anteriores) que me encontré en el camino, los empleados de Norwegian! En los dos vuelos me ayudaron para tener siempre tres asientos libres para nosotras (en teoría V debía volar sentada sobre mi sin asiento todo el viaje). Todo el personal de abordo y de tierra fueron un verdadero amor con nosotras. Desde la chica del mostrador de facturación que me aseguró que me ayudaría luego y me cambió los asientos en la puerta de embarque para entrar ya solas y cómodas, hasta todas las asistentes de vuelo con las que compartimos media hora de espera en las sillas de la puerta y V hizo amistad con todas en varios idiomas. Igual de bien con la azafata que nos tocó en el segundo vuelo que llegó a sentarse unos minutos a ver Pocoyo con V para que yo pudiese entrar al baño a hacer pipí (si, hacer pipí cuando viajas sola con una niña de casi dos años durante más de 20h se convierte en un gran reto!). Y por último el conductor del bus en Alicante (que también trabajaba para Norwegian) que al ir el bus lleno y yo con la niña a cuestas me ayudó a sentarme delante con el y me confirmó que trabajar para esta compañía es un gustazo

Ayer, en el viaje de vuelta, me encontré con personas estupendas desde el principio. Sobre el personal de Norwegian sólo puedo repetir lo mismo que el de la ida: ¡MARAVILLOSO! Pero además hoy se suma que el control de seguridad en Alicante es uno de los mejores para viajar solo con un bebé. Es el único en el que en la cinta especial para familias he encontrado el parquecito/cuna (uno a cada lado del arco) para que puedas dejar al bebé mientras tú desmontas, pasas, te controlan líquidos, y vuelves a montar. Esta vez vamos con cochecito pero si no lo hubiésemos tenido la experiencia habría sido totalmente distinta a la de USA. Me tocó volver a pasar por olvidar sacar el iPad y cuando volví una de las guardias estaba con V diciéndole cositas y V se reía. Los siguientes guardias fueron rapidísimo para que pudiese coger a la niña lo antes posible y todos tuvieron alguna palabra de ánimo y afecto hacia el hecho de que viajase sola con la peque. Salimos del control con una sonrisa, las dos. El embarque en bus es siempre una pesadilla pero una señora inglesa súper amable después de hablar con nosotras en los dos minutos de trayecto llamó al marido que estaba en la otra punta del bus para que viniese a ayudarnos a bajar y a embarcar (otro par de humanos estupendos). Y una vez en el avión los chicos y chicas de Norwegian nos trataron como reinas.

Embarque a pie de pista en Alicante tras bajar del bus.

Como decía al principio, ¡qué importante es ese factor humano! Para viajar solos con bebés pero también para todo en la vida. Cuesta lo mismo ser amable que ser antipático. Y creo que todos nos vamos a dormir más felices y más tranquilos habiendo sido amables.

2 comments on “El factor humano

  1. Uf, cuanto me recuerdas a mi cuando nació Gedeón. Por suerte, los alemanes son mas amables que los españoles, todo lo contrario que te pasó a ti. Yo he estado embarazada de Alma, Gedeon en el carro, tener que bajarlo a pie de pista para que subiesen el carro al avion, sentarlo en el suelo de la pista y SIEMPRE habia alguien que me lo vigilaba o me lo entretenia mientras yo plegaba el carro. Sin embargo, llegaba a Alicante y NADIE me ayudaba. Lo bueno de todo son las cosas aprendidas y no queda mas remedio que apretar los dientes e intentar ser educadas con quienes no lo son con nosotras. 😘

    • Intento compartir nuestra experiencia para que, sabiendo todo esto, quien viaja con sus bebés se lleve menos sorpresas y disfrute más del camino. Pero es imprevisible el tipo de personas que te puedes encontrar! Por suerte hay muchísima gente buena por el mundo (y por los aeropuertos) y las experiencias como la de SFO son las que menos 🙂

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